Cuando Jesús dijo a los apóstoles: “En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir”. Se refería a las dimensiones de espacio-tiempo infinitas en que el alma humana puede habitar.
Para nuestra conciencia el espacio es infinito y el tiempo es eterno, porque es ella quien decide cuándo sí, y cuando no moverse en el espacio.
Imaginad un niño perdido en medio de una gigantesca tienda de juguetes. El espacio en cualquier dirección le parecerá infinito, y el tiempo también;porque él no tendrá ningún interés en moverse mientras esté entretenido con tanto juguete nuevo en su camino, incluso si se acercara al final de la tienda regresaría atrás en el espacio para evitar salir.
Así nos sucede a nosotros: estamos tan entretenidos con la realidad infantil de nuestro ego vanidoso en esta dimensión del espacio, que decidimos reencarnar las veces en el tiempo que sea necesario para evitar salir.
Al fin y al cabo el espacio es infinito porque siempre está vacío… y es nuestra conciencia que manejando el tiempo a su antojo crea y transforma continuamente la realidad dentro de él.
Piensen en esto; porque en la casa de nuestro padre (el universo), hay muchos lugares (dimensiones) donde vivir, pero es necesario que nuestra conciencia trascienda el nivel elemental en que se encuentra (competitivo), para que usando nuestro libre albedrío nos convirtamos en seres superiores (espirituales).
Miguel Ángel Gutiérrez